DE ESTA NOCHE... UNA TREGUA.
He llegado hasta aquí con la curiosidad de un niño, con la esperanza del que mira al cielo cuando cayó en picado, con la ilusión de un amanecer que se precipita en el ocaso tras una noche que se antojaba eterna. He vuelto para enfrentarme con mi realidad más difusa, con mis miedos y mi fortuna.
La soledad me acompaña por estas tierras, apretándome de la mano, para que nada me retenga y jamás puedan separarme de su lado. No le bastó con robarme la primavera, aún ansía arrastrarme con ella y castigarme mirando a la pared. No sé si debería soltarla para simpre o envejecer a su vera y darle ese placer.
En mi equipaje llevo trocitos de aquello cuanto dejé y perdí, cuando llegue a la habitación los esparciré por la cama para que me hagan compañía cuando se acueste el sol.
De ti no me olvidé, pero esta vez te colocaré en mi cabeza para que no me duela tanto el corazón.
En los pasillos se escuchan ecos de canciones, de murmullos, de risas ahogadas por el ruido de los coches al pasar. Huele a asfalto mezclado con humedad, a tabaco y a comida rápida, a césped mojado. Por la calle la gente pasea acelerada, ensimismada, ajena a este ambiente adormilado y enfermo. Nunca conseguiré soñar desde aquí, no hay nubes, ni estrellas, solo espejos que te enseñan la otra cara de la vida que nunca llegarás a entender. Dejadme en paz, mis alas no pueden plegarse durante mucho tiempo, mis ojos no aguantan tanta miseria, mi alma no consiguió cicatrizar las heridas de mi piel. Se amontonan la impaciencia y la rabia en mi interior, luchando por salir y dejar de servirme parte de este dolor.
Todavía recuerdo tus palabras, aquellas que me tranquilizaban en las noches de un verano joven, cuando me olvidaba un poquito de todo y nos sentábamos a comprender el mundo, y a desgranarlo poco a poco. Era nuestra acera, nuestro refugio para escapar del calor. Me acuerdo que te reías de mis sugerencias, de mi forma de restarle importancia a los grandes problemas y hacer un mundo de las desavenencias cotidianas. Nos refrescábamos con un trago, riéndonos de la suerte, de lo prohibido. Cómo dos bichos raros nos miraban las estrellas, entonando canciones y lamentándonos entre estrofa y estribillo, en lugar de estar dormidos. A lo mejor era la cordura, que se disfrazaba de carnaval y salía a la calle a bailar, para resultar más llevadera, para parecer más espontánea.
A pesar de mi mala memoria, de mi despiste, podría plasmar cada segundo de aquellos momentos, que escalan por mi pensamiento como una enredadera, que a veces oprime más de la cuenta.
Siempre fui del viento, aunque ahora sienta que me maneja a su manera y dependa de su humor cambiante… “hoy te quedas conmigo, hoy te puedes marchar”. Siempre caminé por la cuerda floja, guardando el equilibrio, aunque ahora sienta que me cuesta un poco más al hacerse tan largo el camino.
Anoche volví y te imaginé a mi lado, mirando al frente sereno. "Volverás, nada debe cambiar" me susurrabas muy despacio, cómo si a cada sílaba estuvieras deseándolo intensamente y rogando porque así fuera. Después un remolino de viento removió algunos papeles y hojas del suelo, y los árboles silbaron.
¿Has sentido esto... como yo?
He llegado hasta aquí obligada por la fecha, por el día, por los segunderos del reloj. Nada ha cambiado, camino descalza por este suelo que me quema y me aprieta un poco la garganta. Aún así llego con fuerza, con un deseo para soplar las velas y apagar para siempre la voz de ese dolor. Esa que me grita desde lo lejos, que me recuerda que no somos nadie y a la vez somos tanto para alguien.
Necesito soledad que no me abandones ahora, para poder apoyarme en ti y en la soledad de los que me acompañan en esta velada. Pero si cierro página de golpe, pillándote los dedos sin querer y me lanzó a volar, déjame sentir, déjame vivir… déjame soñar… que por una vez este cuerpecito cansado que me sujeta pueda sentirse en libertad.
Y en la acera no había más que tu ausencia, en forma de basura y cielo gris.
Y el único sonido que allí se escuchó fue el llanto quebrado de un chiquillo travieso que no quería irse a dormir.

Nuria dijo
Llevabas mucho tiempo sin escribir, sin transportarnos a ese mundo mágico que sólo tus palabras son capaces de crear. Cuánto tarda en alejarse el dolor... Qué difícil es a veces levantarse y reanudar el camino... Lo maravilloso es no saber qué nos espera, porque seguro que el futuro está cargado de momentos maravillosos. Seguiremos buscándolos.
Un abrazo
13 Julio 2006 | 07:22 PM