En pos de tu estela.
Quisiera pintar tus sueños con el color del mar, de un intenso azul brillante, que hasta de noche consigan escandalizar mi deseo, mi luna y alboroten mis secretos. Para que cubran la parte vacia de mis rincones olvidados y enciendan la llama de mis pasiones, casi frenéticas desde que atravesaste mis puertas cerradas e indiferentes.
Podrían brotar de mi pecho miles de motivos por los que te siento y quiero tanto. Y aunque la inquietud se va adentrando en habitaciones huecas y penetra en forma de ráfagas frias de viento, no hacen eco en las paredes, no gimen, ni lloran si no cuentan con mi permiso.
El momento acecha en cualquier esquina, pensativo. No corre prisa, puede un segundo hacerse eterno y una vida consumirse si pestañeo. Se camufla en algún rincón y no desespera, porque impaciente sueña con su presa y saborea su carne, porque sabe que la cazará desprevenida en un asalto.
Voy esquivando a la suerte, redondeando sus curvas, retrocediendo y tomando impulso, escondiéndome de sus garras, plantándole cara en su espalda.
El vaso se hace trizas en el suelo y ya no descansará más, medio lleno o medio vacio, sobre la mesa sin patas que improvisé en mi alma.
No hace falta que invoques a mi corazón, lo empeñé a cambio de tus besos. Como no tuvo suficiente salió en tu busca y se coló por la rendija de tu cuarto. Late tan desmesurado que aún puedo localizarlo y no tardará en darse cuenta que marchaste sin más, cuando te cansaste de esperar desvelado la llegada del ocaso.
Al alba la claridad consigue que mis pensamientos se enfrien de las dudas que horas antes me nublaban la vista y la razón. Porque al anochecer me aterra la soledad, por si se encapricha de mi cuerpo y no me deja acercarme hasta ti. Y no dejo de escuchar su triste canción, que ya no quiere más que un regazo donde posarse a dormir.
Puedo creer que existes e inventarme mil historias con final feliz.
Más allá de las sombras donde yacen tus miedos te espero sentada, inamovible y exhausta. Descubrirás mi silueta si cierras los ojos y a tientas me palpas. No quise hacer ruido pero nadie consigue sosegar las razones de mi alma, que empedernida lo dejó todo para asentarse en tu pecho, clavarse en tus pupilas, beber de tu mirada.
En mi cielo las nubes cuelgo de tus intenciones, por ti vivo, por ti sueño... en esta noche plateada.

Amaru dijo
Las mejores cosas del mundo no pueden verse ni tocarse, sólo pueden sentirse con el corazón.
Un beso.
11 Enero 2006 | 02:35 PM