Renovarse
Arranco el calendario amarillento que cuelga de la pared. Es aquel que jamás conseguí colocar derecho, el que contiene días subrayados, páginas arrancadas en el intento de asesinar un día, aquel que agonizaba lento y mugriento. Es aquel que me acompañó y observó, aquel que veló cuando dormía y el que nunca lloró.
Si me quisiste alguna vez solo puedo confesarte que yo siempre te odié.
No puedo despedirlo, sólo mirarlo de reojo mientras lo arrugo y arrojarlo a la papelera en un descuido, donde le depara un adiós perpetuo. Donde su condena será convivir con las sombras y el olvido.
Si camino hacia atrás, sobre pasos que ya me resultan lejanos, me tambaleo hacia los lados con el riesgo de chocar y rasgarme la piel. Es por eso que emprendo la marcha hacia el sol y me ajusto la sonrisa, y es por eso que calzo tus besos y no me quedan grandes.
Que un año de mi vida, entre veintidós, me hizo nacer de nuevo. Que veintidós inviernos jamás olvidaron una primavera.
Coloco un nuevo calendario, aunque aún no llegó el momento. Pero el deseo es tan ferviente que no puedo esperar, ya perdí la paciencia hace tiempo, en alguna estación.
Y me resulta raro clavarte allí sonriente y fijando tu mirada en la mia. Y tu imagen es tan nítida que me asusto igual que me alegro. Que me sorprendo soñándote después de acostumbrarme a la soledad y su tormentosa compañía.
Y al colocarlo me invade la calma, porque en un gesto inútil parece que estuviera obteniendo el antídoto milagroso que cura el dolor. Parece que pasar página fuera fácil y que jamás volverás...
Y acabo mi diario por la mitad.
Y limpio los cristales opacos buscando hallar la luz. Que entre medio del todo y de la nada me descubrí grabando tu nombre en mis labios y dibujando tu corazón en el techo.
Que moviéndose cielo y tierra se elevaron mis pies. Y en la luna más bonita coloco tu fotografía, para que nuca se desgaste con el sol, y en la noche más oscura te enciendo un deseo para que rias y cumplas todos tus sueños.
Que cada día y cada mes, y si puede cada año, brindemos con el corazón... y que se mueran las penas que alguna vez quisieron hacernos daño.

(¡Que tengais feliz año! mis mejores deseos...)

tiritando- dijo
Nunca hago recuento, porque siempre la balanza se inclina... y desearía que fuera Estable, que algún día alcanzara equilibrio.
No Olvidarás nada del Año, te hará fuerte, y te dará Alegria de los buenos momentos.
Un abrazo.
30 Diciembre 2005 | 02:37 PM