Trasnochando tu recuerdo.
Me he tumbado en la alfombra roja del salón, mientras te imagino y siento a mi lado, mientras la desgana escala por las paredes y el hastio cuelga del techo en forma de telaraña.
Descuidado en cuerpo y alma vagas por la casa, como un fantasma que perdió el rumbo, la orientación y si cabe, la razón.
No consigo atraparte, invisible eres a los ojos, pero te siento en las noches oscuras, ajeno a mi corazón, percibo tu calor.
Tengo los labios secos de besos olvidados y mi cuerpo se congeló, porque la hoguera que prendimos, a mi pesar y el tuyo, ya se apagó.
Escogiste quedarte para siempre entre estas paredes, como un castigo pernicioso, una condena larga y pesada que arrastro en silencio, una cruz a mi espalda y ya ves, resignada y a ratos comparto vida contigo aunque tu nombre ya olvidé.
No sé de tus intenciones, no recuerdo la última vez que te tuve cerca, eres un espejismo en este desierto donde enloquecí de sed y horas muertas.
Enfrascado esta el temor, escondido lo guardo y tengo, para que no lo encuentres en un descuido y lo viertas sobre mi, para que no lo utilices en mi contra o cuando todo se vuelve gris.
¿Cuando escaparás por aquella ventana que dejé abierta?...
Si la dejé para recordarte cuanto mundo te queda por recorrer hasta que quieras de nuevo hacerme tuya de verdad, cuantas lágrimas necesitarás derramar para que recuerdes las mias, para que sepas que se siente cuando hay tanta gente y, sin embargo, tanta soledad.
Un escalofrio me recorre por el cuerpo cuando sin querer me rozas, porque no conseguirás encontrarme, aunque me tengas de frente. No escucharás el latir de mi corazón aunque palpes mi pecho, ni hallarás sabor en esta boca, sordomudo tengo el corazón si tú me tocas.
Y cuando salga el sol y cruce esa puerta no te recordaré, solo deambulas en las noches frias de mi alma, cuando la luna mengua.
No puedo seguir acostada porque sobreviviré, a tus obstáculos, esquivaré todos cuantos pueda.
Y cuando amanezca me encontrarás pero será demasiado tarde para que me puedas perseguir, porque cuando quieras darte cuenta estaré a miles de kilómetros de aquí.
Tumbada en aquella alfombra roja... sin quererlo pienso en ti.

adolfo marchena dijo
tacto y contacto, piel y sentimiento, cinco sentidos que se nos olvidan, en todo está como un bosque tu cuerpo, sin quererlo yo también pienso. Puede que en ti, aunque no te conozca. adolfo
20 Diciembre 2005 | 03:41 PM